Desde hace casi cuarenta años todos los veranos se celebran en Arles los Encuentros Internacionales de Fotografía, probablemente el festival más importante de Europa, donde se escribe cada vez un nuevo capítulo de la Historia. Múltiples exposiciones de géneros y estilos muy diferentes muestran la diversidad de las creaciones plásticas que allí se exhiben. Aunque sean cada vez más conocidos, los encuentros de Arles siempre son muy innovadores, arrojando dudas sobre el presente. En cada edición se presentan nuevos artistas muy variados, tanto por el género como por su estilo. Los participantes en este evento pueden tomarse su tiempo para profundizar en sus conocimientos a través de coloquios, prácticas y seminarios organizados.
Los jóvenes talentos del Centro Nacional Superior de Fotografía de Arles, una escuela mundialmente conocida, también tienen su lugar en este certamen, y algunos centros acogen sus trabajos. Así mismo cada año se entregan cinco Grandes Premios, patrocinados por una serie de empresas que actúan como sponsors,  dotados de 10.000 euros cada uno, que galardonan a artistas apadrinados por profesionales. Gracias a su experiencia, estos últimos presentan a un joven creador y le permiten tener un espacio de exposición y una primera ocasión de dar a conocer su trabajo.
Marin Hock ha sido el máximo galardonado en la última edición, celebrada el verano pasado. Nacido en Uccle, una comuna de Bélgica, en 1988, este joven de 22 años proviene de un núcleo familiar adentrado en el mundo del arte. Su madre es diseñadora y su padre se dedica al diseño gráfico por lo que Marin creció en un mundo en el cual la fantasía y la realidad estaban mezcladas en buena armonía.
Esto se deja entrever en sus fotografías, las cuales en cierto modo nos recuerdan la famosa “clear line” de los comics belgas. Como dice el propio autor: “En Bélgica hemos nacido con un comic en las manos”. Sin embargo este joven no desea ser relacionado con el género y en sus trabajos que abarcan tanto fotografía artística, como documental o moda, demuestra una gran fuerza y voluntad.
Entre su obra se encuentran proyectos como: D’une tristesse l’autre, reportaje realizado en un centro de psicoterapia institucional situado en una antigua granja cerca de Charleroi; o Les Passeur, en donde mezcló a bailarines con los peatones que transitaban por la calle. También ha realizado una serie de retratos de trabajadores y tiene en mente un proyecto sobre el mundo marítimo siguiendo la vida cotidiana de la gente que trabaja en el mar.
En suma, Marin Hock a pesar de su juventud tiene ya una interesante obra y de seguro que en el futuro dará mucho que hablar.

http://www.marinhock.com/

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