Aunque Jeanloup Sieff cultivó todos los géneros fotográficos, desde el reportaje periodístico al paisaje, la publicidad o el retrato, es sin duda por sus fotografías de moda y sobre todo por sus desnudos femeninos por lo que resulta más relevante. 
Jeanloup Sieff nació en París el 30 de noviembre de 1930, aunque sus padres eran inmigrantes  de origen polaco. Tal vez esta circunstancia o quizás la temprana desaparición de su padre hicieron de Sieff un joven solitario y algo indeciso. Tras realizar estudios clásicos durante el bachillerato se matriculo en Letras, pero apenas aguanto dos semanas. Más breve aún fue su paso por la escuela de periodismo, sólo diez días.

Sieff que había empezado a practicar la fotografía a los catorce años cuando le regalaron una cámara Photax y que desde los quince revelaba en el baño de su casa los negativos que había realizado en los más bellos rincones del parque de Zakopane, decide entonces, con idea de mejorar su formación, asistir a la Escuela de Vaugirard, donde nuevamente sólo permanece durante aproximadamente un mes. Desde allí se marcha a Suiza, al prestigioso centro Vevey donde supera su record permaneciendo durante un periodo de siete meses y aprendiendo la técnica y los fundamentos del oficio que practicaría el resto de su vida.

En 1954 debuta como reportero gráfico en París y un año más tarde empieza a trabajar para la revista Elle, en donde comienza realizando reportajes para pasar después al terreno de la moda. También en 1958 se une a la Agencia Magnum para la que realiza varios reportajes en diversos países de Europa, de entre los cuales probablemente los más significativos fueron los realizados durante una huelga de mineros en Bélgica y también el que hizo con motivo de la muerte del Papa Pio XII. Sin embargo su espíritu inquieto le hace también renunciar a estas colaboraciones y en 1959 deja la Agencia y comienza a trabajar para Realités y Le Jardín des Modes. Ese mismo año recibe el Premio Nièpce, galardón que se otorga a la excelencia fotográfica.

Es en aquella época cuando Jeanloup publica su primer libro, Le Ballet, con imágenes realizadas durante los ensayos y las representaciones del Ballet de la Opera de París. Quizás ése fue el momento en que Sieff descubrió la magia del cuerpo femenino y su capacidad para plasmar sus más bellas formas. De esa manera la danza se convirtió en uno de sus temas favoritos, llegando a fotografiar incluso al máximo exponente de la disciplina en aquellos momentos, Rudolf Nureyev. Aunque éste no fue el único personaje famoso retratado por Jeanloup Sieff.

En 1931 se había trasladado a Nueva York, donde permaneció por un periodo de cinco años trabajando para las más prestigiosas revistas del momento, Look, Esquire o Harper’s Bazaar, desde aquel lado del charco y Twen, Vogue y Queen, durante sus breves viajes a Europa. En América realiza, además de las fotografías de moda o publicidad y de los retratos, una serie de fantásticos reportajes como es el caso de la serie de imágenes tomadas en El Valle de la Muerte, en California, donde de una manera dramática y con una mirada certera y algo romántica nos muestra unos paisajes desnudos, de horizontes abiertos y de indudable belleza.

De vuelta ya en París, en 1967, continua trabajando para distintas publicaciones a la par que se dedica a realizar retratos femeninos. Y si curiosamente en sus fotografías de paisaje el autor utiliza una estructura de líneas rectas y duras, en sus desnudos y fotografías femeninas prevalecen las curvas como un recurso más del erotismo que desprenden las imágenes. El uso del angular como elemento de transgresión y un magnífico aprovechamiento de la luz hacen que las fotografías de Sieff no resulten en modo alguno fuera de contexto sino que por el contrario estén dotadas de un exquisito buen gusto. Para Jeanloup Sieff “la belleza es subversiva y tiene el poder de conmover a quien la observa.” Del mismo modo creía que el exceso de análisis mata las emociones, por eso prefería la fotografía inspirada por los sentimientos. “La Fotografía representa la materialización de determinadas emociones, captadas en momentos particulares.”

Probablemente todo ese sentimiento del que nos habla el autor sea el motivo de que sus imágenes contengan una gran armonía de formas, un cuidado estudio de la luz y una extraordinaria y expresiva fuerza en sus composiciones. Los grandes contrastes son otro recurso más utilizado por Jeanloup Sieff para dotar a sus fotografías de un matiz iconográfico que perdura en la mirada.
Jeanloup Sieff falleció en el año 2000, dejando tras de si una extensa obra y habiendo recibido numerosos galardones entre los que se encuentra el Gran Premio Nacional de Fotografía de Francia en 1992.

http://www.jeanloupsieff.com/

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