Dado que los libros de fotografía son caros, de vez en cuando me gusta pasarme por algunas librerías en las que se, que si hay suerte,  puedo encontrar alguna joya escondida entre sus anaqueles a un precio reducido y asequible. Uno de esos lugares es La Fugitiva, una librería situada en la calle Santa Isabel de Madrid en la que además puedo aprovechar para tomarme un café o una infusión sentada a una de sus mesas mientras me regocijo repasando libros.

La semana pasada me acerqué por allí y la diosa fortuna me sonrió. Conseguí dos excelentes libros, “Brasil”, de Schommer y “Testigos del Tiempo”, de Flor Garduño. Ambos contienen trabajos maravillosos y he disfrutado muchísimo pudiendo añadirlos a mi biblioteca.

Hacía tiempo que me apetecía hablar de Flor Garduño porque creo que es una fotógrafa con una gran sensibilidad. Sin duda es una de las autoras contemporáneas más importantes de hispano américa y su trabajo ha sido reconocido en todo el mundo. Nacida en la Ciudad de México en 1957, a la edad de cinco años se mudo con su familia a una granja en la que paso su infancia y parte de su adolescencia. El contacto con la naturaleza y también con los animales sin duda han influenciado su forma de entender la vida y sus imágenes.

Flor Garduño realizó estudios de Artes Plásticas en la Antigua Academia de San Carlos, de la UNAM, donde asistió a un taller de fotografía de de la maestra Kati Horna. La personalidad de la fotógrafa húngara  y sus imágenes mágicas y expresivas causaron una profunda impresión en Flor, que hasta ese momento había enfocado su trabajo en la búsqueda de los aspectos estructurales de la forma y el espacio.

En 1979 abandona sus estudios para trabajar como asistente de Manuel Álvarez Bravo, uno de los más prestigiosos fotógrafos mexicanos. Con él aprendió todas las artes del laboratorio y la composición y también a mirar más allá de lo evidente.

Más tarde ingresa en la Secretaría de Educación Pública, bajo la dirección de la fotógrafa Mariana Yampolsky y empieza a visitar zonas rurales. Este trabajo le dio la oportunidad de recorrer el país y conocer la vida de los pueblos indígenas, así como a empezar a consolidar un estilo propio. El libro “Testigos del Tiempo”, está basado en esos viajes, en los que a través de los elementos luminosos de su fotografía se hacen presentes los horizontes, los elementos de la tierra y también el tiempo, tanto el pasado como el presente y el que aún está por llegar.

Sin embargo este no fue el primer libro publicado por la autora. Con anterioridad, en 1985, alentada por el entusiasmo y el apoyo editorial del pintor Francisco Toledo, había publicado su primer libro, “Magia del Juego Eterno”, y en 1987 publicó “Bestiarium”, una colección de imágenes basadas en la creencia de que los hombres venimos al mundo con un animal hermano, una criatura doble, un gemelo en el bosque. La suerte del recién nacido estará ligada toda su vida con la buena bestia o la mala fiera que le corresponda.

Otro de los trabajos recurrentes de Flor Garduño ha sido el del cuerpo de la mujer. Sus desnudos femeninos, dotados de una luz especial, están casi siempre en perfecta comunión con la naturaleza, que a la vez los arropa y los define.

Flor Garduño ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas y su obra se encuentra en las colecciones de algunos de los museos más importantes del mundo; el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el de Israel, el Art Institute of Chicago y el Museo de Arte Fuji de Tokio, son algunos de ellos.

http://www.florgarduno.com/presentation_02.html

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