La fotografía de calle es, por encima de todo, un ejercicio visual. Dado que no tiene en que apoyarse, pues no se basa en una sucesión de imágenes cuyo conjunto sea coherente como lo hace el reportaje, se ve obligada a sobresalir por si misma. Y sin embargo, y al mismo tiempo, se caracteriza por la falta de necesidad de que ocurra algo especialmente importante.

Los fotógrafos de la calle suelen tener una especie de sexto sentido que les permite visualizar en unas decimas de segundo aquello que otras personas que están en el mismo lugar son incapaces de ver. La secuencia de colores precisos, el juego de luces y sombras, la escena con un punto irónico o divertido, el juego de las líneas de un edificio, una o varias personas que sobresalen del resto por cualquier motivo, todo esto y mucho más puede ser lo que de protagonismo a sus fotografías.

Fred Herzog es uno de esos fotógrafos, pero además fue un precursor. En una época en la que la mayoría de los que se dedicaba a este oficio trabajaban en blanco y negro él decidió hacerlo en diapositiva y en color, lo cual le excluyó durante largo tiempo del circuito de museos, galerías de arte y demás ambientes fotográficos.

Herzog, de origen alemán, emigró a Canada tras perder a sus padres durante la segunda guerra mundial. Enrolado en un barco como marinero recaló en el continiente americano y durante un breve tiempo vivió en Toronto y Montreal. En 1953 se traslada a Vancuouver, donde comienza a trabajar como fotógrafo dentro del ramo de la medicina. Más tarde llegaría a ser Director Asociado de UBC Department of Biomedical Communication y también formó parte de la plantilla de profesores de la Universidad Simon Fraser.

Fuera del laboratorio también retomó lo que en su infancia había sido simplemente algo casual y empezó a fotografiar las calle y las gentes de su ciudad. Su trabajo se centra principalmente en la gente corriente de clase obrera y en los lugares que frecuenta. Siente una expecial predilección por los numerosos carteles que en los años 50 y 60 cercaban los muros de Vancouver, por los espacios abiertos, los coches abandonados y las tiendas. Sus escaparates son a menudo un motivo para este fotógrafo, tanto en lo que puede apreciarse desde el interior, como aquello que los viandantes encuentran a su paso.

El uso de la película Kodachrome le confiere a sus imágenes ese aspecto que nos hace pensar en los fotogramas de una película o en los lienzos de algunos de los pintores realistas de la época. Muchas de sus fotografías podrían haber servido de base para las obras de Edward Hopper, o tal vez fuera él quien se sintiera inspirado por las mismas.

En las últimas decadas su trabajo ha sido reconocido en todo el mundo y se han hecho muestras del mismo en diversas galerías, como la Vancouver Art Gallery o la Equinox Gallery, también de Vancouver, quién tiene la representación de su obra y en cuya página podréis ver parte de su trabajo.

Los que queráis profundizar más podéis optar por alguno de sus libros. Yo recomiendo “Photographs”, el cual contiene una buena selección de su trabajo y cuenta con una serie de interesantes prólogos de Claudia Gochmann, Sarah Milroy, Jeff Wall y Douglas Coupland. Eso si, está en inglés, así que los que no dominéis el idioma tendréis que hacer un esfuerzo.

http://www.equinoxgallery.com/artists/portfolio/fred-herzog

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