Sin duda alguna me atrevo a decir que el tipo de fotografía que nos acerca más a la realidad de la vida es la fotografía de la calle, o como se conoce en términos anglosajones la “Street Photography”. Puede que algunos tachen mis palabras de excesivas e incluso de ignorantes e irresponsables, yo creo que no lo son. Si analizamos el entorno más próximo a este género como podría ser el reportaje, la fotografía documental, veremos que de algún modo el fotógrafo interviene en aquello que refleja desde el momento mismo en que elige el tema de su trabajo. Esta intervención, incluso de un modo inconsciente y no voluntario, conduce indefectiblemente a cambios a veces imperceptibles pero siempre latentes en las imágenes realizadas. Por el contrario, el fotógrafo de la calle al no intervenir en la escena y permanecer al margen de ella, puede reflejar ese mundo cercano, esa cotidianidad que nos rodea por doquier, de un modo más puro.

A lo largo de la Historia de la Fotografía, a menudo los fotógrafos de la calle, sobre todo los más renombrados, han simultaneado ambas facetas: la del reportaje y la de ese pequeño mundo que hay a nuestro alrededor. Nombres como Cartier-Bresson, Robert Frank o Elliot Erwitt son claro ejemplo de lo que hablamos. Sin embargo también han existido otros autores, a menudo mucho menos conocidos o incluso totalmente ignotos como hasta hace muy poco fue el caso de Vivian Maier, que han dedicado una gra parte de su vida a recoger y conservar mediante sus imágenes la memoria de lo cotidiano.

El autor del que quiero hablaros hoy es uno de estos últimos, seguramente desconocido para el gran público, pero admirado y respetado por todos aquellos que seguimos y que de algún modo nos sentimos ligados a este tipo de fotografía. Se llama Rui Palha, es portugués y la fotografía de la calle ha sido su hobby y su vida desde que a los 14 años cogiera por primera vez una cámara en sus manos. Desde entonces ha llovido mucho y una buena parte de esa lluvia ha quedado reflejada en las fotografías de Palha, del mismo modo que lo han hecho las líneas de su ciudad, Lisboa. Y es que este autor tiene un don especial para mostrar el esqueleto y las interioridades de ese marco inigualable situado en la desembocadura del rio Tajo y que los griegos bautizaron como Olissipo en honor de Ulises, a quien consideraban según la mitología su fundador.

Seguramente con su técnica Rui Palha hubiera podido optar por cualquier tipo de fotografía pero en una entrevista concedida a Leicanistas confiesa que eligió la fotografía de la calle porque siempre se sintió sorprendido, incluso hipnotizado, con el movimiento de las personas, sus expresiones, sus reacciones. Sentía que era un gran reto el tratar de capturar el continuo ajetreo de la vida cotidiana y también por supuesto, una manera de aprender un poco más del mundo que nos rodea.

Como la mayoría de los fotógrafos de la calle Rui Palha tiene un gran dominio de la luz y a menudo escoge reflejar la oscuridad. Las estaciones, los pasos subterráneos, las escaleras en penumbra son parte de su trabajo, casi siempre acompañadas de una única figura humana, como si representaran una sucesión de soledades o tal vez una lucha desigual entre el individuo y su entorno.

A veces podemos encontrar también en sus imágenes un romanticismo nostálgico, pero no hay que olvidar que la mayoría de sus fotografías están realizadas en Lisboa, una de las ciudades con más reminiscencias entre las capitales europeas. El trabajo de Rui Palha es extenso y conviene degustarlo con tranquilidad como si de un buen vino se tratara, saboreando cada gota de esa colección de historias que nos cuentan sus fotografías y que además de en su página podréis encontrar en sus galerías de “1x”, “flickr”, o en su libro “Fotografía de Rua”.

http://www.ruipalha.com/#!

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